-Por La Pinche @Lluviedad
De seguro tú también la has visto.
La identificas como esa mujer que en sus danzas y en su jugar, en su caminar, en su habla incluso, parece llevar un mar personalísimo, inmediato e invisible en el que flota, y cada sombra que produce su piel lleva una armonía despacita que, si sabe una perderse bien, le contagia el suspenderse.
Parece flotar.
O también puede que la reconozcas como la fuente de esa mirada en la que seguro te quedaste fijado (o fijada, la verdad), intentando descifrar, o enumerar más bien, qué tanto da: infancia, complicidad, compasión, sugestión, una risa, amor profundo, sabiduría, curiosidad, una exigencia de que te respondas a ti misma y te des todo lo que puedes, que cada vez es más, porque resulta que el magnetismo de esa mirada corresponde justamente a esa acción, mirar, que también ejecuta en niveles y profundidades que a la mayoría nos rebasan.
Parece esfinge, los misterios del universo en la mirada.
O puede que sepas de ella por su manera de leer estrellas y planetas, y explicarlos con esa sonrisita que se te queda en la memoria inconsciente como una caricia fugaz.
Parece del cielo.
Quizá la hayas visto en sus trazos materializados en tinta o henna o grafito o pintura que dan cuenta de las flores infinitas, espejos, nudos, peces, mandalas, estrellas, laberintos, cielos o Sailor Scouts que pueblan su mente.
Parece imprimir sus danzas.
Te das cuenta de que es ella cuando ves su espalda o sus brazos, cuando carga en ellos todo su peso, y no quieres distraer la mirada para no perderte el momento en el que de plano le salgan las alas, o de perdis descubrir si tendrá algunos hilos transparentes que le ayuden a levantarse con esas formas.
Parece ficción.
Seguro la has visto a ella, su paz, su dulzura reproducida en la mirada de su hijo maravilloso, su humor, sus tatuajes, su evolución, su sabiduría, su fuerza alimentada y alimentante de la fuerza de su tribu, que a final de cuentas delata que, aunque parezca tanta cosa fantástica es mujer de verdad, formada a pulso, con una constante observancia de conciliar lo que necesita con lo que merece y con lo que desea.
Y bueno, si crees que no la habías visto antes de que estas letras te la dibujaran, piensa en la última vez que miraste la luna y te pareció particularmente preciosa. Así se pone cuando se asoman a verse mutuamente, y se emocionan.
Y una también.
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domingo, 1 de julio de 2018
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