Por @Yorkieeeee_
Estaba tan indefensa, vulnerable y triste, mis pies apenas hacían el esfuerzo de tocar el apagador, varios intentos fallidos, ni uno ganador, caigo otra vez. Mis sueños eran cada vez más inalcanzables, que podían verse en el espacio flotar, llorando por mí. Mi estado mental se erizaba, me comía la poca lucidez que podía tener, esparciendo en mi cuerpo, soledad, miedo a existir, clavada en estas paredes, el polvo del piso me acompaña, no puedo salir.
Estaba tan indefensa, vulnerable y triste, mis pies apenas hacían el esfuerzo de tocar el apagador, varios intentos fallidos, ni uno ganador, caigo otra vez. Mis sueños eran cada vez más inalcanzables, que podían verse en el espacio flotar, llorando por mí. Mi estado mental se erizaba, me comía la poca lucidez que podía tener, esparciendo en mi cuerpo, soledad, miedo a existir, clavada en estas paredes, el polvo del piso me acompaña, no puedo salir.
Los ruidos tan fuertes en la puerta, me hacían desear quedarme sorda, desaparecer, ponerle pausa a todo, deshacer en mil pedazos mi aliento. Mis pies están rojos, cansados, contra la puerta, temblando y saltando la sangre de la piel por el dolor y esfuerzo, se aferran tanto que apenas podré caminar los próximos días. Creo que van a entrar.
Me arrastran al próximo cuarto, pataleo, succionan toda la fuerza que podía quedarme, me quedo clavada hacía un punto, me desvanezco, no puedo llorar, sólo estoy en stan by y quiero gritar, me ahogo, pero no expreso más. Me obligan a pararme, no se percatan que estoy totalmente vacía, que mis últimos suspiros quedaron embarrados en el piso; me azotan contra ellos.
Despierto y comienzo a quejarme, mis manos entumecidas y mis pies pesados e hinchados me hacen ruido. Una vez más aparecen frente a mí y me cuestionan lo que siento. Recuerdo que sus ojos me mataban cada parpadeo, que me hacían quedarme quieta y no poder hablar, sus labios delgados y rojos, sangrados un poco por la ansiedad que carcomía su ser. Quería entender. No había más puertas, sólo hoyos, me había hundido tanto que no podía recordarme viva, plena, normal, un poco feliz, e incluso cansada, me había quedado totalmente varada en mi adentro.
Me sostienen en sus brazos después del desastre, pidiéndome disculpas, llorando tan fuerte que apenas puedo decidir. Volteó al cielo y no hay nada. Sus lagrimas caen en mis piernas, quiero apagarlas, ensordecerlas, me agacho, sé que no podré salir, me devora el miedo y ahogo el grito al llorar. Mi cabeza quiere explotar, no sentir más un brote de ansiedad, un dolor punzante que daba al corazón también. Me quedo dormida así. No pasa más por hoy.
Despierto y no siento mucha diferencia, es cómo si la noche hubiera sido eterna. Abro las persianas, dejo caer la luz sobre la pared ya tres veces rota, también sobre mi piel pálida y lastimada. Busco en el lugar, no hay nadie más, sentí paz, y me dolió sentir esa paz. De repente aparezco por la tarde, tirada en la cama, ahogando mis llantos sobre las cobijas, pensando en mil maneras... me puse a creer.
Le hice caso al espejo, me di un respiro, cerré los ojos y volee. No sabía cómo saldría, ni a dónde iría cuando lo logrará, creo que por primera vez sentí la necesidad de perderme afuera. De existir entre tantos que me confundan cada paso. El mundo merecía saber de mí y de lo mucho que me hace feliz echarme al pasto sin importar los bichos, de tropezar en las calles mal planeadas, que me ría de mí y contagie al rededor. La música me llevaba a un final más resistente a las caídas, traspasaba esas paredes tan sencillo, que no sentí morirme. Era el final más esperado y menos catastrófico que me esforcé a tener.
Me podía ver más lejos, que ya no sentía la incertidumbre cada noche y que mis pies y brazos se recuperaban en minutos. Me cuelgo de las nubes y dejo ser totalmente mis sentimientos. En este ser aprendí a querer, saber de mí cada instante que se impregne en mis lagrimas, no había más encierro, aunque aquí esté lleno de puertas, ventanas, creo que siempre sabré traspasar el miedo sin ningún tropiezo. ¿Me veo muy optimista? no creo, aunque me siento muy viva.
A veces mi mente se convierte en otro pequeño encierro, es un poco más letal, sin embargo, comienzo a cantar y desaparece. Me salí sin nada y a la vez con todo lo necesario, que fue más sencillo caminar, más ligera y segura de gritar. Comparto el miedo y la angustia vivida, comparto en párrafos las inquietudes, que serán las mismas que trae el mundo dentro, comparto el encierro, que es de muchos también. Y les comparto la dicha de poder cantar alto, de saborear las tristezas, dejarnos caer sin miedo, sin un gramo de locura, les comparto vivir, que aún falta tanto y que somos tan insignificantes para el todo, que apenas podremos respirar cuando pase el final.
No hay comentarios:
Publicar un comentario