jueves, 15 de marzo de 2018

El día que alimenté una mosca

  Por @La_Chia_


                                                        "El día que alimenté una mosca"

¿Cómo llegué hasta aquí?, yo no quería esto ¿o sí?, ¿Por qué me hace tan feliz?...estoy cansada.

No, definitivamente no era lo que tenía en mente, estar sentada frente a una persona que no deja de sorprenderme en el momento más inesperado y al mismo tiempo tan lejos. Que sientes que nada encaja, que todo es nuevo, que lloras que gritas que te confundes, que te consuelas que aprendes, te enojas, te reclamas, te cuestionas, te aceptas y aprendes, y luego, surge algo que te hará cuestionarte de igual manera.
Nadie te dice lo duro y difícil y lo cuestionable que será. Sólo está, no importa quién te aconseje, a quién leas o de quién te apoyes, todo será sorprendente.

Era un día normal, lleno de rutina y de estrés, la casa olía a su platillo favorito y mi mente recordaba las cosas por hacer entre sonidos de risas y murmullos, llegaba y salía familia pero todo parecía en segundo plato yo sólo podía concentrarme en el burbujear de la comida y en estar en alerta al fuego. Mi inconsciente me pedía que pusiera atención pero lo silenciaba repitiendo las cosas por hacer, para no escuchar lo que mi mente me repetía: 'estás en crisis detente, detente'. El murmullo seguía.

Sostenía la jarra de agua cuando resbaló de mi mano, pero eso no silenció el murmullo y yo seguía limpiando el agua derramada y cocinando. El murmullo seguía.
Puse dos platos, dos vasos y dos cubiertos para servir la comida. Serví  el espagueti y el agua, pero no me senté a comer; le escuche agradecer por servir la comida y mi mente contestó en automático - de nada. El murmullo continuó.

Recuerdo no sentarme a comer porque había salpicado mantequilla en la estufa y eso molestaba a mi vista, estaba enfadada porque no lograba desengrasarla y de pronto, me dirigí a comer. Di la media vuelta y ahí estaba nuevamente el murmullo, sólo podía ver su espalda pequeña. Ella comía y hablaba. Le decía que ese era su platillo favorito, le preguntaba que si estaba cansada y parecía hacer pausas como esperando respuesta.

Me senté, la vi, y me di cuenta que estaba una mosca en un tercer plato muy cerca donde estaba mi hija. La intenté correr y mi hija alzando la voz me dijo - ¡No!, es mi amiga y tiene hambre. Mi corazón y mi voz se retuvieron por unos segundos que me parecieron una eternidad.
La vi y le sonreí; ella le había puesto un espagueti en aquel plato y le hablaba.

Esa tarde comí con mi hija y alimenté una mosca. Me era difícil mantener la fuerza en mi voz, sólo podía envidiar todas las  hermosas anécdotas que debió haber contado a aquellas afortunada mosca y que yo ignoré.

La mosca se mantuvo por solo unos minutos más, voló, nos despedimos de ella y continuamos comiendo, hablando, riendo y conociéndonos.

Me pregunto si ella aún recordará a la mosca.


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Sueño ligero